Lesiones ligamentosas: mecanismos y tipos

     La lesión de un ligamento se conoce como esguince. El mecanismo típico de producción de un esguince es un traumatismo indirecto aplicado sobre la extremidad afecta. La intensidad y dirección de la fuerza aplicada  determinarán el o los ligamentos afectados, y su grado de lesión.

     Existen diferentes clasificaciones para las lesiones ligamentosas, aunque la más extendida distingue entre esguinces grado I (leves), grado II (moderados) y grado III (graves), representando un estiramiento por microrroturas, una rotura parcial y una rotura completa del ligamento, respectivamente.

      En la fase aguda, inmediatamente tras el esguince, aparecen dolor de intensidad variable, inflamación local, y diferentes grados de impotencia funcional (dificultad para caminar y mover la rodilla). Cuando el ligamento lesionado no se recupera adecuadamente el resultado suele ser una articulación inestable (comunmente llamado esguince crónico), con sensación de falta de confianza, fallos de la  rodilla, y derrames de repetición, que limitan de forma importante la actividad deportiva e incluso algunas actividades de la vida cotidiana.

     Esta inestabilidad es especialmente frecuente tras la rotura de los  ligamentos cruzados, aunque puede aparecer tras la lesión de cualquier ligamento. Los ligamentos cruzados suelen lesionarse tras traumatismos de media-alta intensidad durante deportes de contacto, habitualmente con  derrame inmediato e impotencia funcional absoluta.

 
 

Fig. 1: Grados de lesión ligamentosa

 
 

Fig. 2: Rotura del LCA

     Las roturas del LCA se caracterizan por asociarse típicamente a otras lesiones de rodilla  como son las roturas meniscales y lesiones del cartílago, y por su bajísimo potencial para cicatrizar y resolverse espontáneamente. Este daño asociado de los meniscos y del cartílago se produce o bien en el mismo momento de la lesión del ligamento cruzado o bien con el tiempo, como consecuencia de una rodilla inestable. En un caso u otro, la articulación sufre un lento proceso de deterioro que conduce finalmente a una artrosis de rodilla de complicado manejo, ya que suele afectar a pacientes jóvenes en que la artroplastia (prótesis) de rodilla debe evitarse a toda costa. 

    Estos son los motivos que explican por qué una rotura traumática del LCA en un paciente joven y activo debe intervenirse en casi todos los casos, aunque es cierto que existe un pequeño grupo de pacientes que, teniendo una rotura confirmada del LCA, no sienten inestabilidad ninguna y pueden ser manejados de forma conservadora, sin cirugía.