Roturas meniscales: causas y tipos

     Los meniscos pueden romperse por distintos motivos. En pacientes jóvenes la causa más frecuente es un traumatismo indirecto de cierta intensidad, como un giro sobre el pie fijo durante actividades deportivas. En el momento de la lesión el paciente puede notar una sensación de chasquido, acompañada de dolor de intensidad variable que habitualmente obliga a desistir de la actividad que se estaba realizando. Ocasionalmente se produce un derrame (presencia de líquido en el interior de la articulación) que puede limitar la movilidad de la rodilla en las horas siguientes a la lesión.

     En pacientes de mayor edad, sin embargo, estas roturas pueden aparecer sin un claro antecedente traumático, al producirse de forma inadvertida durante actividades banales del día a día (como bajar o subir del coche, agacharse a recoger un objeto del suelo,...). Esto se debe a que el tejido meniscal se encuentra debilitado (meniscopatía degenerativa) y se rompe con facilidad. En estos casos, los síntomas suelen ser menos llamativos que en las roturas traumáticas.

 

Fig. 1: Tipos de roturas meniscales

Fig. 2: Rotura en "asa de cubo"

     Las roturas meniscales pueden clasificarse en función de su causa (traumáticas o degenerativas), su localización (centrales o periféricas) y su forma (longitudinales, horizontales, radiales, en asa de cubo, en pico de loro..) (fig. 1 y 2). Un tipo de rotura especialmente grave es la rotura de las raíces meniscales (fig. 3). Al romperse su anclaje a la tibia, el menisco deja de cumplir eficazmente con su función de amortiguar las cargas, y funcionalmente ese tipo de roturas son equivalentes a la ausencia total del menisco. Su cirujano debe ser capaz de identificar y tratar apropiadamente estas roturas, para evitar una rápida progresión hacia el deterioro articular (artrosis).

     Es muy importante que el traumatólogo revise las imágenes de su Resonancia Magnética y sea capaz de interpretarlas correctamente, para así estimar apropiadamente la forma y tamaño de la rotura. No obstante, es muy importante recalcar que el tratamiento debe ser individualizado para cada caso concreto, y que no depende solamente de las características de la rotura si no además de otros factores como la presencia de lesiones asociadas en los ligamentos o el cartílago, la edad biológica del paciente, su estilo de vida,  y su capacidad para seguir adecuadamente ciertos  protocolos de rehabilitación postoperatoria.

 

Fig. 3: Rotura de raíz meniscal posterior