Roturas meniscales: diagnóstico

     Una historia clínica completa, que recoja todos los datos de las circunstancias de la lesión y los síntomas del paciente desde la misma es imprescindible para desarrollar una sospecha diagnóstica inicial.

     El paciente habitualmente refiere dolor en la región interna o externa de la rodilla, según el menisco afectado (siendo el menisco interno el que se rompe con más frecuencia), habitualmente tras un traumatismo que recuerda claramente. La rodilla puede estar inflamada, con impotencia funcional (dificultad para apoyar la extremidad lesionada en el suelo) y limitación en su rango de movimiento. En ocasiones el paciente nota chasquidos, e incluso un bloqueo completo de la movilidad en algunos casos. 

     Estoy firmemente convencido de la importancia de proceder a una exploración completa de la rodilla (movilidad, estabilidad, y pruebas de provocación) antes de evaluar las pruebas de imagen, ya que creo que es la mejor manera de evitar diagnósticos erróneos.

     Dentro de la exploración, Las pruebas de provocación meniscal (test de McMurray y Apley entre otros) son herramientas útiles que ayudan al traumatólogo a identificar el origen del dolor, aunque ninguna de estas pruebas tiene una fiabilidad plena.

 

Test de McMurray

Test de Apley

RM: rotura meniscal radial 

RM: Rotura de raíz meniscal

     Teniendo una clara sospecha diagnóstica de rotura meniscal, se recomienda apoyar dicho diagnóstico mediante pruebas complementarias. A día de hoy, la mejor prueba de imagen para el diagnóstico de una rotura meniscal es la Resonancia Magnética (RM), aunque es muy importante recalcar que esta prueba no es infalible, y que algunas roturas pueden pasar desapercibidas, de la misma forma que en ocasiones imágenes sospechosas de rotura finalmente resultan no serlo.  

     Aunque los meniscos habitualmente no son visibles en una radiografía simple, ésta suele pedirse de forma rutinaria para descartar otras lesiones óseas y tener una visión general del estado de la articulación.

     Es primordial que nuestros pacientes entiendan que un informe radiológico compatible con una rotura meniscal carece de ningún valor si no se enmarca en el contexto clínico de su lesión. Es el buen juicio del traumatólogo el que permite dar un diagnóstico de alta o baja probabilidad de rotura meniscal tras evaluar dichas imágenes junto con la historia clínica y la exploración física.