Anatomía y función de los ligamentos

     Los ligamentos son bandas de tejido fibroso (colágeno) que mantienen unidos entre sí los diferentes huesos que forman una articulación. De esta forma, su principal función es aportar estabilidad a las articulaciones, es decir, que evitan que los huesos se desplacen de forma anómala cuando los músculos actúan sobre ellos. En la rodilla existen 4 ligamentos principales: los dos ligamentos laterales (interno y externo) y los dos ligamentos cruzados (anterior y posterior) (fig. 1 y 2).  Existen otros muchos ligamentos, no menos importantes, que funcionan de forma conjunta en lo que se conoce como las "esquinas" posterolateral y posteromedial de la rodilla.

     El ligamento lateral interno conecta el fémur y la tibia en su cara medial, y evita desplazamientos en valgo de la rodilla (que la rodilla se "abra" por su cara interna). Es el ligamento que se lesiona con más frecuencia, aunque habitualmente se  recupera de forma completa sin cirugía.

 

Fig. 1: Visión anteroposterior de la rodilla

 

Fig. 2: Visión axial de la rodilla

     El ligamento lateral externo conecta el fémur y el peroné en la cara externa de la rodilla, encargándose de evitar desplazamientos en varo (que la rodilla se "abra" por su cara externa). Su lesión aislada es rara, y suele dañarse junto a las estructuras de la esquina posterolateral y/o los ligamentos cruzados.

     El ligamento cruzado anterior (LCA) es el ligamento que más frecuentemente precisa de un tratamiento quirúrgico tras su lesión, debido a su baja capacidad para cicatrizar espontáneamente una vez roto. Anatómicamente está formado por dos fascículos que conectan el fémur y la tibia,  y su misión principal es resistir la traslación anterior de la tibia respecto del fémur (fascículo anteromedial), y evitar una rotación interna excesiva de la articulación de la rodilla (fascículo posterolateral). El número de roturas del LCA aumenta año tras año, debido sobre todo a la creciente promoción de la actividad deportiva.

     El ligamento cruzado posterior (LCP) se lesiona con menos frecuencia que el LCA, y cuando lo hace en la mitad de los casos es de forma parcial y  se recupera sin necesidad de intervenir. Cuando se rompe de forma completa suele hacerlo junto con el LCA o las estructuras de las esquinas posterolateral o posteromedial. Su función es opuesta a la del LCA, evitando la traslación tibial posterior y limitando la rotación tibial interna y externa a 90º de flexión.

     En el año 2013 ganó mucha notoriedad el "descubrimiento" de un nuevo ligamento en la rodilla: el ligamento anterolateral (LAL) (fig. 3). En realidad, dicho ligamento fue descrito por primera vez en 1879 por el Dr. Segond, aunque hay que concederle al Dr. Claes el mérito de resaltar su importancia en el control de la rotación tibial interna de la rodilla. Hoy sabemos que las estructuras de la región anteroexterna de la rodilla (cintilla iliotibial y LAL) actúan de forma conjunta con el LCA en el control de la estabilidad anterolateral, al igual que lo hacen algunas estructuras intraarticulares como el cuerno posterior de ambos meniscos.  Por ello en los pacientes con rotura del LCA debe valorarse la forma individualizada la restauración de la biomecánica de esa región mediante una reconstrucción del LAL o una tenodesis extraarticular (técnica de Lemaire modificada), para evitar una inestabilidad anteroexterna residual.

Fig. 3: Esquina posteroexterna y LAL