Anatomía y función de los meniscos

     Los meniscos son dos estructuras con forma de semiluna que se encuentran en los dos compartimentos principales de la articulación de la rodilla , entre la tibia (el hueso de la pierna) y el fémur (el hueso del muslo) (fig. 1).

     El menisco interno, menos móvil y con forma de "C", se encuentra en la cara interna o medial de la articulación, mientras que el menisco externo, más móvil y con forma de "O", está en su margen lateral (fig. 2)

     Cada uno de los dos meniscos se divide en tres zonas: cuerno anterior, cuerpo, y cuerno posterior, y están firmemente anclados a la tibia en sus dos extremos mediante las raíces anterior y posterior, así como a la cápsula articular a lo largo de toda su periferia.

     Los meniscos están formados por un tejido llamado fibrocartílago, cuya misión principal es amortiguar las cargas que sufre la rodilla durante actividades cotidianas (caminar, subir y bajar escaleras, sentarse,..) y deportivas (correr, saltar, cargar pesos). Así mismo, cumplen un importante papel en la estabilidad de la rodilla, ayudando con ello a los ligamentos.

 

Fig. 1: Vista axial de la rodilla

Fig. 2: Vista anteroposterior

Fig. 3: Vascularización de los meniscos

     Una característica anatómica importante de los meniscos es que sólo están vascularizados (sólo reciben sangre) en su zona más periférica (la unida a la cápsula articular) (fig. 3). Esto supone que, como norma general, las roturas producidas en esa zona más periférica tienen la posibilidad de cicatrizar y "curarse" si son reparadas (cosidas) quirúrgicamente. Por el contrario, en las roturas del borde libre meniscal (donde no existe aporte sanguíneo) es difícil conseguir una reparación exitosa a pesar de aproximar sus bordes con puntos de sutura.

     Las roturas meniscales suponen la pérdida del eficaz mecanismo de amortiguación que protege el cartílago de la rodilla, y los cirujanos tenemos el compromiso de intentar reparar estas roturas siempre que sea posible o, en su defecto, de resecar la menor cantidad de tejido meniscal que se pueda, a fin de evitar el desarrollo de fenómenos degenerativos en la rodilla con el paso del tiempo.